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Arte y Cultura

2016

DEMIAN MOHAR "EL CHANGO MOHAR"

DEMIAN MOHAR

(EL CHANGO MOHAR)

CIEN AÑOS DESPUÉS

Gustavo Mohar Lango nació en la Ciudad de México el 12 de febrero de 1896. Junto con sus cuatro hermanos mayores -Mariano, Juana, Ángela, María- aprendió de su padre, un litógrafo, distintas técnicas artísticas, decantándose por el dibujo a lápiz. De los cinco hijos, Gustavo mostró una precocidad técnica que delataba una sensibilidad alerta y penetrante.

Como todo artista nato, las proezas técnicos detrás de sus dibujos sólo son posibles gracias a los dictados de una mirada tan meticulosa, como empática: las sinuosidades aguileñas en la nariz del viejo sabio; el brillo en los ojos rodeado por las cejas alicaídas del implorante; la dulzura de una persona con resumida con tan sólo mostrar su mano.

A lo largo de su obra se detecta un afán por capturar más que el mero detalle físico del mundo, su preocupación reside no en imitar, sino en revelar. Utilizar el dibujo como herramienta para desenterrar el ser de las cosas y exponerlas a la vista.

Además de potente, la trayectoria artística de Gustavo fue fugaz. Tras la muerte de su padre cuando tenía 16 años, nunca más vuelve a dibujar. Los motivos exactos de por qué decidió renunciar a una actividad para la cual, además de talento, tenía una clara vocación sólo se pueden adivinar.

Sin embargo el desosiego espiritual que impulsaba sus dibujos persistió a lo largo de su vida, de acuerdo a sus parientes más cercanos.

En 1924 se convirtió en uno de los fundadores de la Institución Mundial de la Vida (IMVI) Impersonal, cuya misión a decir por la IMVI misma es  “darle a conocer a la humanidad quién es el verdadero ser del hombre, su conciencia, la constitución de su ser y cuál es la única ley, para que desaparezca totalmente la ignorancia y armonice con sus actividades externas con su Vida Interna, de tal manera que la pobreza, la enfermedad y las penas en general, desaparezcan ante la Luz Pura, y Potente de la Verdad.”

Asimismo, todavía a los 60 años de edad continuó con su búsqueda al colaborar a distancia con la Unity School of Christianity, traduciendo al español y publicando textos de la institución.

En este sentido, es notable que, no obstante que se haya manifestado de maneras distintas, uno de los hilos que recorrió la vida entera de Gustavo Mohar Lango fue uno compuesto por hebras de duda, inquietud y añoranza por la verdad.

Sería muy aventurado sugerir si encontró o no en vida las respuestas que buscaba. A pesar de esto, el hecho de que su bisnieto, Demian Mohar, retomara plenamente la vocación que dejó trunca durante su adolescencia, da para pensar que de haber sabido que esto iba a ser el caso, algún solaz hubiera encontrado.